EL SITIO
La zona de los Poblados Marítimos de València esconde muchos tesoros gastronómicos, especialmente en cuanto a arroz se refiere. Esta parte de la ciudad antiguamente estaba conformada por varios pueblos habitados por personas que se dedicaban al mar; marineros y pescadores sobre todo, y de ahí su nombre.
Uno de los más ilustres vecinos de la zona fue Vicente Blasco Ibañez, uno de los autores valencianos que mejor han descrito al pueblo valenciano y sus tradiciones. El señor Blasco Ibañez se mandó construir una villa en primera línea de la playa de la Malvarrosa, muy cerca del comienzo de la playa de la Patacona. Esta casa es visitable a día de hoy y un excelente plan para toda la familia. Además, tenía como vecino un pequeño local que servía de cambiador para los bañistas, casa de comidas y de huéspedes y que a partir de 1922 pasó a llamarse Casa Carmela (como la esposa del dueño).

Si bien el restaurante no tiene aparcamiento en sí mismo, justo delante hay un solar abandonado que hace de parking improvisado. Aunque técnicamente es gratuito, los gorrillas de la zona aceptarán gustosos cualquier donativo. Como en otras ocasiones, recomendamos no dejar nada de valor en los vehículos si uno no quiere llevarse un disgusto.
La reserva era para las 15.30h de un sábado. El viernes por la tarde recibimos una llamada del restaurante para confirmar la asistencia. Gesto comprensible dada la situación que vivimos en la actualidad y las restricciones del sector.
Llegamos a la hora acordada y tras contemplar con gusto la decoración y estética clásica del local una camarera nos dijo que le diéramos un segundo y se hacía cargo de nosotros de inmediato. Este tipo de gestos sencillos le dan clase a un restaurante y le hace sentirse al comensal “importante”, en el sentido de que importa a los dueños y que cuando está pagando 50€ por cubierto no solo paga la comida sino también otras cosas.

Además de una decoración clásica pero renovada, llama la atención que detrás de la barra tienen una televisión que “retransmite” en directo como van haciendo los arroces a leña los cocineros. Incluso un camarero nos ofreció entrar a la cocina para poder presenciarlo, propuesta que declinamos. Este tipo de ofrecimientos resultan llamativos y un excelente reclamo “turístico”, en el buen sentido de la palabra.
Otro detalle que nos pareció muy positivo, dados los tiempos que corren, fue la presencia de una persona de limpieza que estaba continuamente desempeñando sus funciones. Esto nos transmitió una excelente imagen y puede dar tranquilidad a los comensales más preocupados con la higiene. Desde luego, el suelo y el local estaban limpísimos.
La acústica del local no es mala, pero es mejorable, como suele ser habitual en estos comedores con muchos comensales (aunque ahora haya menos). Importante destacar que existen varios salones privados (al menos dos) donde tener intimidad y hacer alguna celebración familiar o comida de negocios.
Previamente hemos comentado que los arroces de este restaurante se hacen a leña. Lo bueno de cocinar así un arroz es el sabor tan característico que les da. Un toque de distinción que es muy difícil de explicar pero que cuando está, se nota. Por desgracia, pocos restaurantes quedan en València que empleen esta técnica. Uno de los motivos puede ser el olor que desprende la leña, que a pesar de que no es un olor desagradable se queda impregnado en los tejidos y obliga a uno a ducharse salvo que quiera ser una chimenea andante el resto del día.
En Casa Carmela, a pesar de que el olor a leña era muy tenue, fue suficiente para que al salir nos lleváramos ese aroma con nosotros. Cierto es que nuestra mesa no estaba muy lejos de la cocina. Y cierto también que como somos unos paelleros “de tota la vida” nos da igual, pero para algún comensal podría resultar una mala experiencia.

Una vez sentados, tardaron muy poco en atender nuestra mesa, a pesar de que había bastantes comensales en ese momento. El servicio fue extremadamente atento y educado sin llegar a atosigar. Se notaba que los empleados estaban especialmente motivados, algo que desafortunadamente cuesta cada vez más de ver en la hostelería.
Tomada la comanda, los platos llegaron con mucha rapidez, especialmente los entrantes, que en esta ocasión fueron unas gambas al ajillo (espectaculares) y unas clóchinas valencianas muy sabrosas y de temporada. Un punto negativo fue que las copas de vino blanco que pedimos no estaban excesivamente frías.
EL ARROZ
Cuando uno entra a un local arrocero con gran solera como este y ya acumula unos cuantos arroces entre pecho y espalda tras años de peregrinación paellera, sabe que el caballo ganador de los arroces marineros es aquel que lleve algo de “caza mayor”, es decir, bogavante o langosta. También es verdad que siempre es el más caro, pero suele ser un valor seguro. Efectivamente, nos sentimos especialmente generosos y nos decantamos por un arroz de bogavante. El precio era de 29 € por ración. Cabe destacar que los precios oscilan desde los 17 euros por un arroz del senyoret a los 34 euros por ración de un arroz de langosta. También se hace paella valenciana (pollo y conejo) de 19 euros por ración y de verduras por encargo. Una mesa vecina había encargado paella valenciana y el olor que llegaba era espectacular, así que ya tenemos motivo para volver.

A continuación, pasamos a puntuar el arroz, siendo 1 estrella la peor calificación posible y 5 estrellas la mejor calificación posible:
– Punto de cocción del arroz: 5 estrellas
– Punto de sal: 4 estrellas
– Sabor del arroz: 5 estrellas
– Sabor de las piezas: 5 estrellas
– Generosidad de ración: 3 estrellas

El punto de cocción y el sabor del arroz así como de las piezas estaba excelente. El arroz tenía un fuerte sabor a mar y a bogavante, tan característico de estos arroces. Las piezas (tanto el bogavante como las gambas) estaban espectaculares. Se notaba que el producto era fresco y de calidad, ya que se deshacían en la boca como un caramelo con sabor a Mediterráneo. Respecto al punto de sal, si bien es cierto que a la hora de comerlo no se percibía un arroz excesivamente salado, ambos comensales nos pasamos el resto del día bebiendo agua sin parar y de ahí que no se obtenga la mejor puntuación. Con los arroces de bogavante siempre se corre el riesgo de que esté demasiado salado. Finalmente, como se ha comentado en otros artículos, en cuanto a la generosidad de la ración, suele ser habitual que en los restaurantes de renombre las raciones escaseen. Aquí no es una excepción. En resumen, un arroz espectacular.

*NOTA: Debido a los entrantes que pedimos no pudimos acabar el arroz, pero el camarero nos ofreció llevarlo en un tupper, cosa que hicimos muy gustosamente.
PUNTUACIÓN = 4,4 ESTRELLAS
FICHA TÉCNICA Y RESUMEN
FECHA DE VISITA: 20 de junio de 2020 (sábado).
HORA: 15.30h

PRECIO DE RACIÓN DE ARROZ CONSUMIDO: 29 €
PRECIO MEDIO RESTAURANTE: 53,75 €
PROS: Altísima calidad, arroces a leña, personal muy atento y eficiente, posibilidad de reservar salones privados.
CONTRAS: Ligero olor a humo, acústica mejorable, precio medio-alto.
RESUMEN: Excelente opción para una comida familiar, con amigos o de negocios, ya que aunque la acústica es mejorable dispone de un par de salones privados. Relación calidad precio buena, raciones de arroz escasas. Casa Carmela, un clásico que no falla.